El periodista local Abel Bruno volvió a protagonizar una historia que inspira. En Semana Santa, realizó una vez más la tradicional travesía en bicicleta desde Ayacucho hasta Tandil, un desafío que sostiene desde hace décadas.
A pocos días de cumplir 83 años, reafirma con cada pedaleo un mensaje claro: la edad no es un límite cuando hay voluntad.
Una tradición que lleva décadas

La historia comenzó cuando tenía apenas 14 años, en su primer viaje a Tandil en bicicleta. Desde entonces, la travesía se convirtió en una costumbre que repite, con algunas interrupciones, desde hace más de 30 años.
“El objetivo es ir hasta el Calvario, descansar un poco y volver”, contó.
El recorrido no solo representa un desafío físico, sino también un momento personal de reflexión.
Un viaje con significado

Al llegar al Calvario, Bruno se toma un tiempo para detenerse, descansar y conectar con sus pensamientos.
“Levanto la mirada y agradezco. También pido por amigos y familiares que ya no están”
Más allá de lo deportivo, el viaje tiene un valor emocional y simbólico que se renueva cada año.
El desafío físico y mental
El recorrido no es sencillo. Las subidas, especialmente las más exigentes, ponen a prueba la resistencia.
“Hay momentos en los que me hablo a mí mismo para darme ánimo”, relató sobre una de las últimas pendientes antes de llegar.
La clave, asegura, está en la fuerza de voluntad.
Un mensaje para todos
Lejos de enfocarse solo en el esfuerzo personal, Bruno busca dejar un mensaje claro.
“Hay gente que cree que a cierta edad ya no se puede hacer nada. Es todo lo contrario”, afirmó.
“La vida es maravillosa, pero es irrepetible. Hay que aprovecharla hasta el último minuto”
Sin fecha de retiro
Consultado sobre hasta cuándo piensa seguir realizando la travesía, su respuesta fue contundente.
“Mientras pueda, voy a seguir. No tengo un límite”
Incluso, proyecta seguir pedaleando hasta los 90 años, si el cuerpo se lo permite.
Conclusión
La historia de Abel Bruno es mucho más que un desafío deportivo. Es un ejemplo de constancia, superación y amor por la vida.
En cada viaje, no solo recorre kilómetros, sino que también deja una enseñanza: siempre se puede intentar un poco más.
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