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Gauchito Gil: la historia del gaucho milagroso que convoca multitudes cada 8 de enero
Degollado y colgado de un algarrobo, el Gauchito Gil prometió volver en favores.
Cada 8 de enero, miles de personas recuerdan su muerte y celebran la fe en uno de los santos populares más venerados del país.
Cada 8 de enero, miles de fieles recuerdan al Gauchito Gil, una de las figuras más populares de la religiosidad argentina, a partir de la historia de Antonio Mamerto Gil, el gaucho correntino ejecutado de manera brutal a fines del siglo XIX y convertido, con el tiempo, en símbolo de fe, justicia y milagros.
Un gaucho correntino convertido en leyenda
Antonio Mamerto Gil Núñez nació alrededor de 1847 en la zona de Pay Ubre, actual Mercedes, provincia de Corrientes. Hijo de españoles, fue trabajador rural y, según los relatos históricos y populares, un hombre solidario y respetado entre los más humildes.
Amor prohibido y persecución
Su vida cambió tras vincularse con Estrella Díaz Miraflores, viuda y dueña de la estancia donde trabajaba. La relación fue duramente cuestionada y desencadenó conflictos con autoridades locales. Acusado injustamente, Gil se alistó en el ejército federal y combatió durante cinco años en la Guerra del Paraguay.
De soldado a gaucho alzado
Al regresar, se negó a seguir órdenes de jefes liberales y huyó. Desde entonces fue considerado desertor y “gaucho alzado”. Vivió errante por Corrientes, ayudando a los más necesitados y enfrentando abusos, lo que reforzó su fama de hombre justo y solidario.
Una muerte brutal
El 8 de enero de 1874 (o 1878, según versiones), fue capturado y trasladado hacia Goya. A ocho kilómetros de Mercedes, lo colgaron de un algarrobo, cabeza abajo, y lo degollaron. Antes de morir, pronunció una frase que marcaría la historia: prometió volver en favores si su sangre llegaba a Dios.
El primer milagro y el nacimiento del santuario
Días después, el soldado que lo ejecutó encontró a su hijo gravemente enfermo. Desesperado, rezó en la tumba de Gil y el niño sanó. En agradecimiento, levantó una cruz de ñandubay: nació así Curuzú Gil, origen del santuario que hoy recibe cientos de miles de peregrinos cada año, a la vera de la Ruta Nacional 121.

Fe popular y devoción roja
Con el tiempo, el Gauchito Gil se transformó en intermediario entre el pueblo y Dios. Sus santuarios, identificados por banderas rojas, simbolizan la sangre derramada y su pertenencia al federalismo. La devoción se expandió por todo el país y más allá de las fronteras.
Un “Robin Hood” argentino
Lejos del mito del bandolero, la tradición lo recuerda como un hombre que daba comida, sanaba enfermos y defendía a los débiles. Un símbolo nacional de justicia popular que sigue vivo en la fe de su gente.


