Jazmín Fernández vivió una jornada inolvidable en la tradicional Vuelta al Pago de Ayacucho: completó sus primeros 10 kilómetros y protagonizó un emotivo momento al cruzarse con su abuela, que la esperaba en la puerta de su casa con agua y un aplauso cargado de orgullo.
Fue su primera carrera en la ciudad y también la primera vez que alcanzó esa distancia. Hasta hace poco, el desafío parecía lejano. Su debut había sido el 28 de diciembre, en el Cross Rural de Labardén, donde corrió apenas 3 kilómetros, sin entrenamiento previo.
Este año decidió dar un paso más. Se sumó al grupo Leónidas y se propuso superarse, mejorar el tiempo y animarse a más kilómetros. El objetivo era claro: avanzar, sin importar el resultado. Y lo logró.
Pero la escena que quedará en la memoria no fue el cronómetro, sino el encuentro. En pleno recorrido, su abuela la esperaba afuera de su casa. La sorpresa fue total. Entre aplausos y emoción, se fundieron en una mirada que lo dijo todo.
La mujer atravesó un cáncer de tiroides años atrás y hoy enfrenta un nódulo en uno de sus pulmones. Su salud es frágil, pero su espíritu intacto. Estar allí, alentando a su nieta como si estuviera ganando una maratón internacional, fue un gesto que conmovió a todos.
“Para mí es un montón que me vea haciendo lo que me gusta”, contó Jazmín. La emoción fue inevitable. Porque más allá de los kilómetros, la carrera tuvo un significado profundo: el amor incondicional entre abuela y nieta, ese que empieza desde la infancia y se sostiene toda la vida.
Una postal sencilla, pero poderosa. De esas que recuerdan que, a veces, las verdaderas victorias no se miden en metros, sino en abrazos.