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La mercería resiste: crece el arreglo de ropa y el reciclaje en tiempos de crisis

La mercería resiste: crece el arreglo de ropa y el reciclaje en tiempos de crisis

En un contexto económico complejo y con el precio de la indumentaria en alza, la mercería vuelve a cobrar protagonismo. En el local de España 1035, María Inés Suárez lleva casi 13 años al frente del comercio y asegura que, pese a los cambios en la moda y la tecnología, el rubro sigue firme.

“Un hilo y una aguja se necesitan todos los días”, resume con sencillez, marcando una realidad que atraviesa generaciones.

Según explica, el escenario actual modificó hábitos de consumo. Si años atrás resultaba más accesible comprar una prenda nueva que arreglarla, hoy la tendencia parece invertirse. “Como está la economía, la gente recicla mucho más. Antes era más fácil ir y comprar. Ahora la ropa está cara y prefieren arreglar”, señala.

La situación no es aislada. Otros oficios vinculados a la reparación, como las zapaterías, también registran un repunte en la demanda. El bolsillo obliga a extender la vida útil de la ropa y el calzado.

Pero no todo responde a la necesidad. La pandemia marcó un punto de inflexión: muchas personas jóvenes comenzaron a coser y a tejer, especialmente al crochet. “Hay mucha gente joven que empezó a coser y tejer. Vienen siempre, no es algo ocasional”, cuenta María Inés.

Internet cumple un rol clave en esta nueva etapa. Tutoriales y redes sociales impulsan búsquedas más específicas: cintas, puntillas o detalles poco comunes que a veces no son fáciles de conseguir. “Miran mucho en internet y vienen buscando cosas que ven ahí. A veces son materiales que acá todavía no existen”, explica.

Incluso tendencias juveniles como el UPD (Último Primer Día) generan movimiento en el rubro. Los estudiantes confeccionan y personalizan sus propias remeras con brillos, cintas reflectarias y detalles distintivos para celebrar el inicio de su último año escolar.

María Inés conoce el oficio desde adentro. Durante 30 años trabajó como modista con su máquina tradicional, de correa. Hoy ya no cose, pero sigue ofreciendo los insumos básicos que sostienen una práctica que nunca desapareció del todo.

“Antes se hacía mucha más ropa y se tejía mucho más. Después fue más fácil comprar que hacer. Pero esto siempre se necesita”, afirma.

En tiempos donde lo descartable domina el mercado, la mercería demuestra que reparar, reutilizar y crear no solo es una alternativa económica, sino también una forma de sostener saberes que pasan de generación en generación y que, lejos de extinguirse, encuentran nuevas manos que los mantienen vivos.

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