El 22 de agosto se celebra el Día del Folklore, una fecha que resalta la importancia de la música, la cultura y la identidad de los pueblos. En esta ocasión, conversamos con Lorena Irigoyen, profesora de danzas folklóricas de Ayacucho, quien compartió su perspectiva sobre el significado del folklore en su vida y en la comunidad.
Lorena, reconocida por su labor en la difusión de la cultura tradicional, define al folklore como “una forma de vida”. Explica que el folklore abarca todo lo que un pueblo sabe, no solo las danzas, sino también sus costumbres, tradiciones y saberes. “El término folklore se compone de dos palabras: ‘folk’, que significa pueblo, y ‘lore’, que refiere al conocimiento. Por lo tanto, el folklore es el saber del pueblo”, señala.

En Ayacucho, un pueblo con una identidad profundamente tradicionalista y ganadera, el folklore se manifiesta en múltiples aspectos de la vida cotidiana. Irigoyen menciona que actividades como compartir un asado, disfrutar de un mate, o participar en peñas folklóricas y jineteadas son expresiones esenciales del folklore local. Además, subraya la importancia de estos eventos como espacios de recreación y trabajo, especialmente en su rol como profesora de danzas folklórica, locutora de eventos tradicionalistas y conductora del programa de radio “La flor del pago” desde hace 14 años.

Desde muy joven, Irigoyen estuvo inmersa en el ambiente tradicionalista. Recuerda cómo el folklore formó parte de su educación desde la infancia, cuando se enseñaba en las escuelas como una materia académica. “Para mí, el folklore es un sueño que estoy cumpliendo ahora de grande, al poder formar y compartir esta pasión con otros”, confiesa, resaltando la importancia de la formación continua y el papel de los educadores en la preservación de estas tradiciones.
En cuanto a la preservación del folklore, Lorena enfatiza que cada pueblo y cada persona tiene la responsabilidad de defender y transmitir su identidad cultural. “Esto se pasa de generación en generación, y es fundamental que desde la cultura y la educación se fomente la celebración de nuestras raíces, como los actos patrios y las festividades locales”, opina.
Uno de los elementos más significativos del folklore en Ayacucho es su identidad ganadera. Las jineteadas, las pruebas de rienda y la pialada son actividades profundamente arraigadas en la comunidad, reflejando la conexión del pueblo con sus tradiciones rurales. Lorena también menciona cómo “El malambo, que antes era exclusivamente masculino, ahora tiene campeonatos femeninos. Esto muestra cómo la danza folklórica sigue evolucionando, incorporando nuevas expresiones sin perder su esencia”, explica.

El folklore es algo que se puede descubrir en cualquier etapa de la vida; no se trata solo de aprender una danza, sino de conectar con una parte profunda de nuestra identidad argentina. “He visto a muchas personas inscribirse en el taller de folklore a partir de los 60 años, quienes quizás nunca antes habían tenido contacto con esta danza, pero que finalmente encuentran la oportunidad de bailar y disfrutar de esta expresión cultural. Cada ensayo, cada presentación, es una celebración que enriquece nuestras vidas, y es fundamental recordar que siempre estamos a tiempo de sumergirnos en esta hermosa tradición, sin importar la edad. Nunca es tarde para empezar“, señala la profesora.

Irigoyen reflexiona sobre la importancia del humor y la alegría en sus clases de folklore para adultos mayores, perteneciente al Área de la Municipalidad de Ayacucho. “Las clases son muy divertidas, nos reímos mucho y eso fortalece el entusiasmo y la unión del grupo. Somos muy felices disfrutando de lo nuestro”, concluye, demostrando que, para ella y para muchos en la comunidad, el folklore es más que una tradición, es una forma de vida que trasciende generaciones.