El running no siempre empieza como un deporte. A veces nace como una necesidad. Así lo cuenta Leonel Quiñones, un corredor de Ayacucho que encontró en el deporte una forma de cambiar su vida…

Cómo empezó en el running
“Arranqué a correr en un momento donde necesitaba encontrarme conmigo mismo. No fue solo por lo físico, fue más por la cabeza y el corazón. Venía con muchas cosas adentro, y el running se convirtió en mi escape, en mi forma de ordenar todo”.
El inicio fue de a poco, sin experiencia, pero con una decisión clara: no rendirse más. “Hoy siento que no solo empecé a correr… empecé a cambiar mi vida”, expresó.
El crecimiento y las carreras
Participar en competencias y mejorar los tiempos genera una mezcla de orgullo y emoción. Detrás de cada resultado hay esfuerzo, cansancio y momentos difíciles.
“Ver que los tiempos bajan no es casualidad, es constancia. Y cada carrera no es contra otros, es contra el que fui ayer”, explicó, destacando que el verdadero desafío es personal.

La rutina y la disciplina
El entrenamiento combina organización y escucha del cuerpo. Incluye días de fondo, trabajos de velocidad y descanso, entendiendo que todo es parte del proceso.
“A veces cuesta porque laburo y no siempre es fácil, pero me hago el tiempo igual. Esto no es solo correr… es disciplina. Es elegir todos los días ser un poco mejor”.
Objetivos y motivación
De cara al futuro, el objetivo es claro: seguir mejorando. Más allá de una carrera puntual, la meta es superarse constantemente.
“Sé que todavía tengo mucho por dar, y no pienso quedarme con lo que ya logré”.
Un mensaje para quienes quieren empezar
Para quienes dudan en dar el primer paso, el consejo es simple pero directo: empezar.
“Que no esperen el momento perfecto, porque no existe. Todos arrancamos con dudas y miedo, pero lo importante es animarse. Correr te cambia, te fortalece la cabeza y el corazón”.

El running como salida
El mensaje final va más allá del deporte y apunta a quienes atraviesan momentos difíciles.
“Sé que mucha gente en mi pueblo está pasando momentos duros. Yo también intenté salir de lugares y pensamientos oscuros… y no es fácil. A veces hace falta ayuda profesional, y eso es importante decirlo”.
En ese sentido, dejó una frase que resume su experiencia:
“Menos pastillas y más zapatillas.”
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