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Vecinos reclaman por gallos en la ciudad y piden una norma clara para poder descansar
Una vecina de Ayacucho expresó su preocupación por la presencia de gallos y otros animales de granja en plena planta urbana, una situación que —asegura— afecta seriamente el descanso nocturno y la salud de quienes viven en barrios que hoy ya están completamente urbanizados.
El reclamo se centra en que los gallos comienzan a cantar desde las 2 o 3 de la madrugada, interrumpiendo el sueño de manera constante. Según explicó, la imposibilidad de descansar genera estrés y un impacto directo en la salud mental, un problema que se agrava durante la temporada de altas temperaturas, cuando resulta difícil dormir con las ventanas cerradas.
La vecina remarcó que muchas zonas que años atrás eran sub-urbanas o rurales hoy forman parte de la planta urbana y están densamente edificadas. En ese contexto, sostiene que la tenencia de animales propios del ámbito rural resulta incompatible con la vida cotidiana de los barrios. “Son animales para el campo, no para zonas llenas de casas. Se trata, simplemente, de poder dormir”, expresó.
En busca de respuestas, los vecinos se comunicaron con la oficina de Zoonosis municipal. Sin embargo, indicaron que no obtuvieron soluciones concretas ni información precisa sobre la existencia de una normativa local que regule o prohíba la tenencia de animales de granja dentro de la planta urbana.
El reclamo también se apoya en antecedentes ocurridos en otras ciudades bonaerenses. En septiembre de 2023, en General Madariaga, se desató un fuerte conflicto entre vecinos por el canto de un gallo que alcanzaba los 72,7 decibeles. En ese caso, el Municipio labró un acta y aplicó una multa al constatar que el ruido superaba el límite de 70 decibeles permitido por la Ordenanza Municipal vigente.
Según informó el medio local CNM, el conflicto involucró a dos familias del barrio Los Pinos. La dueña del gallo, Gisele González, había recibido gallinas en una entrega realizada por el INTA en 2021. A partir de reiteradas denuncias de una vecina, incluso luego de levantar un paredón divisorio de más de dos metros, el Municipio intervino y sancionó la situación por exceso de ruido.
Los vecinos de Ayacucho consideran que este antecedente demuestra que el problema puede regularse mediante ordenanzas claras y controles efectivos. “Como ciudadanos tenemos derecho a descansar durante la noche para poder afrontar la jornada laboral al día siguiente. No es una molestia menor, es una cuestión de salud”, señalaron.
Ante esta situación, solicitan que el Municipio informe si existe una reglamentación vigente y, en caso contrario, que se avance en una normativa que contemple el crecimiento urbano y garantice la convivencia y el bienestar de todos.


