En una ciudad donde las propuestas de entretenimiento nocturno no siempre encuentran espacios destinados a todos los públicos, una nueva iniciativa busca abrirse camino en Ayacucho. Se trata de “Vení a Bailar”, un proyecto que nace de una inquietud personal, pero que también pretende responder a una necesidad que, según su impulsor, existe desde hace tiempo entre vecinos de distintas generaciones.
Detrás de la propuesta está Ignacio Olhaberry, propietario del salón, quien a sus 58 años asegura que el proyecto representa mucho más que una inversión: es la concreción de un sueño que lo acompaña desde chico.
“Me encanta bailar y siempre tuve ganas de encontrar un lugar donde uno pudiera ir simplemente a bailar, disfrutar y compartir con amigos”, cuenta Ignacio al explicar cómo comenzó a gestarse la idea.
Todo empezó en 2023, cuando esa inquietud personal comenzó a transformarse en una posibilidad concreta. Con el tiempo, Olhaberry empezó a observar que muchas personas, especialmente adultos, compartían las mismas ganas de salir, escuchar música, bailar y encontrarse con amigos, pero no siempre encontraban una propuesta que estuviera pensada para ellos.

Así nació la idea de crear un espacio diferente.
Un sueño que comenzó desde chico
Para Olhaberry, el vínculo con el baile no es algo reciente. Tiene 58 años y asegura que baila desde chico. A lo largo de su vida, el baile fue una manera de divertirse, relacionarse y disfrutar.
Por eso, cuando comenzó a pensar en la posibilidad de crear un espacio propio, la idea no surgió únicamente desde una mirada comercial.
“Desde chico soñaba con tener un lugar relacionado con el baile. Nunca dejé de tener esa pasión y hoy, a esta altura de mi vida, sentí que era el momento de hacer realidad ese sueño”, explica.
La iniciativa comenzó entonces a tomar otra dimensión. Lo que inicialmente era una aspiración personal empezó a convertirse en una propuesta que podía alcanzar a muchas otras personas.
“Hay personas de distintas edades que quieren bailar, escuchar música, encontrarse y pasar un buen momento, y muchas veces no encuentran un lugar que se adapte a sus gustos y a su manera de disfrutar”, señala.
La premisa es sencilla: crear un lugar donde la gente pueda ir a bailar por el simple placer de bailar.

El baile como protagonista
Una de las características que Olhaberry destaca de la propuesta es que “Vení a Bailar” no pretende ser simplemente otro salón de eventos.
La diferencia, según explica, está en el concepto.
“Para mí el protagonista tiene que ser el baile”, sostiene.
La intención es que toda la experiencia del lugar esté pensada alrededor de esa actividad: desde la música y la pista hasta el sonido, las luces, la distribución y la comodidad de quienes concurran.
“No queríamos crear simplemente un salón donde eventualmente se hicieran fiestas. Queríamos que desde que una persona entra se sienta que está entrando a un lugar pensado para bailar”, explica.
En ese sentido, la propuesta busca recuperar una costumbre que, para muchos adultos, parece haberse ido perdiendo: salir de casa, encontrarse con amigos y bailar sin que necesariamente exista otra razón detrás.

Una inversión que busca convertirse en realidad
Llevar adelante el proyecto implicó mucho más que tener una buena idea.
La transformación del sueño en un espacio concreto significó asumir una inversión importante y tomar decisiones vinculadas a cada uno de los aspectos que forman parte del funcionamiento del salón.
“Lo más desafiante fue transformar una ilusión en algo concreto. Una cosa es soñar con tener un lugar para bailar y otra muy distinta es empezar a invertir, tomar decisiones, pensar en cada detalle y asumir todos los desafíos que implica poner un proyecto así en marcha”, reconoce Olhaberry.
El esfuerzo fue tanto económico como personal.
Sin embargo, existe un factor que, según explica, hizo posible avanzar: la pasión por el proyecto.
“Cuando uno hace algo que realmente le apasiona, también encuentra la motivación para seguir adelante”, afirma.
Por eso, la apertura de “Vení a Bailar” representa para su creador una satisfacción particular: poder ver cómo aquello que imaginó durante años comienza finalmente a convertirse en realidad.
Un espacio pensado para Ayacucho
La elección del lugar tampoco fue casual. La búsqueda estuvo orientada a encontrar un espacio que permitiera desarrollar la idea que Olhaberry tenía en mente y que pudiera ser adaptado especialmente para quienes fueran a bailar.
“Buscábamos un lugar que nos permitiera desarrollar la idea que teníamos en la cabeza y que pudiéramos adaptar pensando específicamente en quienes van a venir a bailar”, explica.
Entre las posibilidades que ofrecía el espacio, destaca la oportunidad de proyectar una pista adecuada, una distribución cómoda y los diferentes sectores necesarios para generar el ambiente buscado.
Pero existe además una motivación que atraviesa todo el proyecto: que los vecinos de Ayacucho tengan una alternativa sin necesidad de trasladarse a otras ciudades.
“Queríamos que fuera un lugar accesible para la gente de Ayacucho, que sintiera que no tiene que irse a otra ciudad para encontrar una propuesta diferente”, sostiene.
Comodidad y seguridad como parte de la experiencia
La propuesta no se limita a la pista de baile. Olhaberry asegura que uno de los principales objetivos fue cuidar todos los detalles que hacen a la experiencia de quienes concurran.
“Queremos que la primera sensación sea: ‘Acá vine a pasarla bien’ y que el ambiente sea familiar”, resume.
En ese sentido, se trabajó especialmente sobre diferentes aspectos vinculados con la comodidad y la seguridad.
Desde el momento en que una persona llega al lugar, se busca que pueda disfrutar con tranquilidad, incluyendo el cuidado de los vehículos en el estacionamiento.
La pista, que ocupa un lugar central dentro del concepto, fue pensada con material antideslizante, buscando brindar mejores condiciones para quienes pasan buena parte de la noche bailando.
También se prestó especial atención al sonido. La intención es que la música tenga el protagonismo que merece, pero sin descuidar el bienestar de quienes permanecen dentro del salón.
Para ello se incorporaron materiales específicos para el tratamiento acústico del espacio.
La iluminación, en tanto, fue pensada para acompañar la experiencia y generar un ambiente agradable, evitando que se convierta simplemente en un elemento decorativo.
A esto se suma un aspecto que Olhaberry considera fundamental: la seguridad.
El proyecto contempla atención especializada para primeros auxilios, además de servicio de mozas y personal preparado para acompañar a quienes concurran.
“Queremos que una persona pueda venir tranquila, disfrutar, bailar y encontrarse con amigos sabiendo que está en un lugar cuidado, con la mejor atención”, explica.
Una propuesta especialmente pensada para adultos
Si hay un público que ocupa un lugar especial dentro de la propuesta, es el de los adultos.
Personas de 40, 50, 60 años y más que siguen teniendo ganas de bailar, salir, escuchar música y divertirse.
Para Olhaberry, la edad no debería convertirse en una barrera para disfrutar.
“Yo mismo tengo 58 años y sigo teniendo las mismas ganas de bailar que cuando era joven. Por eso conozco perfectamente esa necesidad”, afirma.
La idea es que quienes muchas veces sienten que las propuestas nocturnas no están pensadas para ellos encuentren en “Vení a Bailar” un lugar propio.
“Queremos que alguien de 50 o 60 años pueda decir: ‘Este lugar también es para mí’”, expresa.
Pero la intención no es establecer una edad límite ni crear un espacio exclusivo. Por el contrario, la propuesta apunta a reunir a distintas generaciones que compartan algo en común: las ganas de bailar.
Música para distintas generaciones
La música será, naturalmente, otro de los grandes protagonistas.
La propuesta busca recorrer diferentes géneros y estilos, con una selección que permita que personas de distintas edades encuentren canciones que les resulten familiares y, al mismo tiempo, puedan descubrir nuevos ritmos.
“No queremos encasillarnos en un solo estilo. Queremos una propuesta dinámica, que permita que diferentes personas encuentren su música”, explica Olhaberry.
La búsqueda apunta a generar ese efecto que muchas veces tiene una canción conocida: escuchar los primeros acordes y sentir automáticamente ganas de levantarse de la mesa y salir a bailar.
Porque, en definitiva, la música será el vehículo para generar el encuentro.

Apostar por Ayacucho
La creación de “Vení a Bailar” también representa, para sus impulsores, una decisión de apostar por la ciudad.
En tiempos en los que frecuentemente se habla de la falta de propuestas de entretenimiento, Olhaberry considera que también es necesario que los propios vecinos se animen a generar nuevas alternativas.
“Para nosotros significa apostar por nuestra ciudad”, afirma.
“Creo que Ayacucho tiene gente que quiere disfrutar, encontrarse y compartir. A veces se escucha que faltan propuestas, pero también creo que es importante que quienes vivimos acá nos animemos a generar nuevas alternativas”.
En ese sentido, el proyecto pretende convertirse en una nueva opción para los vecinos y, al mismo tiempo, contribuir a generar movimiento económico y oportunidades de trabajo.
“Estamos apostando a que la gente de Ayacucho tenga un lugar donde pueda pasarla bien sin tener que viajar a otra ciudad”, sostiene.
“Bailar no tiene edad”
Al momento de explicar qué le diría a un vecino que todavía no conoce el proyecto, Olhaberry no duda.
“Vení a Bailar porque bailar no tiene edad, y porque este lugar nació de un sueño que tengo desde chico y hoy quiero compartirlo con todos ustedes”.
Esa frase resume buena parte del espíritu de la iniciativa.
La intención no es que quienes ingresen sientan simplemente que están entrando a un salón de eventos. El objetivo es que perciban que están llegando a un lugar donde pueden dejar por un rato las preocupaciones afuera, escuchar música, bailar, reírse y reencontrarse con amigos.
“Quiero que cuando la gente venga no sienta simplemente que entró a un salón. Quiero que sienta que entró a un lugar donde puede olvidarse por un rato de todo, escuchar música, bailar, reírse, encontrarse con amigos y disfrutar”, expresa.
Y entonces aparece una frase que, para Olhaberry, resume el espíritu detrás de todo el proyecto:
“Mientras el cuerpo baila, la mente olvida”.
Pero también recupera una enseñanza familiar que lleva consigo desde hace generaciones, atribuida a su bisabuelo Ceferino Valladares:
“La vida es un tango… hay que saberla bailar”.
Con esa filosofía como punto de partida, “Vení a Bailar” se prepara para convertirse en una nueva propuesta para Ayacucho. Un lugar nacido de un sueño personal, pero que busca transformarse en un punto de encuentro para todos aquellos que todavía sienten que una buena canción, una pista y un grupo de amigos son razones suficientes para salir y disfrutar.
Porque, como dice su propio nombre, la invitación es simple: venir a bailar.
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