BAILANDO UNA RICA PLENA
En la noche del viernes 18 de septiembre, el espacio cultural Zarité rindió homenaje a Rubén Rada, el músico popular uruguayo fallecido el 26 de agosto a los 83 años. El evento reunió artistas locales y la noche acompañó con buen clima, Ayacucho se despidió del músico que con el candombe atravesó fronteras.
Adios amor
Entonando un Do mayor al margen izquierdo de la formación canta “me despido de las rosas, me despido del color, pero nunca me decido, a decirte adiós amor…”, él es El Migue, y junto a Candela Azkarate, Rosario Rodríguez y Paz Propato están tocando Adios a la rama, del álbum Alegre caballero (2002). El grupo se armó para la ocasión, como casi todos los ensambles de la noche.
Por momentos la puerta granero de chapa que el público abre al pasar, deja circular el aroma de un guiso de arroz con pollo que Juana y Mirtita cocinaron al calor de una olla grande y gris, tan característica de lo popular, con la altura suficiente como para que cenen las más de 50 personas presentes en el lugar. Algunos parados al fondo, otros sentados alrededor de mesas con manteles color rojo, pero todos aplaudiendo al son de la canción.
La canción que suena, al igual que el disco al que pertenece, fue hecho en nuestro país al calor de un contexto social, político y económico que marcó profundamente a la Argentina con la crisis de 2001, y a Uruguay con la crisis bancaria de 2002. En Ayacucho pocas veces una olla popular es vista en eventos de este tipo, normalmente sucede de forma excepcional para algún 25 de Mayo y fechas similares, de esas que inundan de patriotismo las redes y las panzas, pero que el resto del año no existen. ¿Será posible? como si la pobreza y el hambre fueran cosa del pasado.
Todos los negritos repicando el tambor
El próximo ensamble compuesto por Agustín Colavita, Tomás Amuchastegui, Matías Nieddu y El Migue se organiza para tocar. Sobre la pared blanca a la derecha de los músicos, una tela también blanca difumina la frontera con el ladrillo y ofrece sus virtudes para la proyección de lo que iba a ser un audiovisual sobre la vida y obra de Rada que no pudo proyectarse por problemas técnicos, pero todo el ambiente, desde las vestimentas elegidas hasta los colores que adornan el lugar hablan de su obra, de su legado y de su impronta. Las referencias están ahí, palpables texturas adornando la despedida.
Muchos de los músicos presentes han comenzado su formación en el folklore, propio de la idiosincrasia del pueblo. Pero el contacto y la formación en zonas rioplatenses expandieron sus horizontes, devolviendo músicos con una capacidad creativa y multifacética capaz de ir y venir entre ritmos, melodías y géneros como quien entra y sale de su casa. Algunos se inclinan por el rock, el folklore, el jazz u otros ritmos que parecen distantes, pero que cuando de Rada se trata, confluyen. Porque él, décadas antes, se encargó de que esa fusión existiera. En 1980 incursionó en estos géneros junto a artistas argentinos que lograron encontrar los recovecos para hacer arte en plena dictadura. E incluso en ese contexto, jamás perdió la alegría que tanto caracterizaba a su estilo, opuesto al nostálgico arrabalero del Tango. El Negro Rada fué un musico popular, con una capacidad increíble de mimetizarse entre géneros y aportarle a todos, frescura y alegría.
Entre Haití, Chile y Ayacucho
El Espacio Cultural Zarité, más allá de los talleres y la cuerda de tambores que lo integran de forma estable, siempre se encuentra en movimiento articulando con diferentes expresiones musicales y artísticas para crear nuevos formatos. Hay mucho del universo Rada en sus formas de crear. Y por supuesto, no es casual, como dijo el Negro “el color viene de lejos y eso no lo lleva el viento”.
El nombre Zarité invoca una historia, la de Zarité Sedella. Una mujer Negra proveniente de Guinea que fue vendida como esclava a las plantaciones azucareras de Saint – Domingue (hoy Haití), una parte de la isla La Española que estaba colonizada por franceses al oeste y españoles al este entre 1659 y 1804. Actualmente Haití y República Dominicana respectivamente. El personaje es ficticio y creció en la inventiva literaria de Isabel Allende, la escritora y periodista peruano – chilena que en su novela La isla bajo el mar (2009), relata la historia de esclavitud en estos territorios en los que se gestó la primera Revolucion Negra.
En la novela, Zarité es el reflejo de una forma dolorosa pero resiliente de soportar las injusticias del modelo pos colonial de los grand blancs, que dominó los territorios y esclavizó los cuerpos de los Negros y las minorías racializadas. La contracara del horror es una arrolladora fuerza capaz de hacer olvidar todos esos males a quien la posea; la música. El candombe, los tambores y bailes organizados por las comunidades negras son el alimento que mantiene con vida a sus seguidores o, como diría Honoré, “Baila, baila, Zarité, porque esclavo que baila es libre… mientras baila”.
Este espacio (Zarité), en esta pequeña parte del mundo, representa todo eso. Une la historia, los países y las culturas en una única danza. Está ubicado en una de las avenidas que da ingreso al pueblo, la Frondizi. Es un galpón grande, de estilo industrial, con techo a dos aguas y paredes altas sin ornamentos ni detalles estéticos. La fachada está pintada de blanco, si se la observa de frente sobre el margen izquierdo, de la silueta de un Negro tocando lo que parece ser un piano – instrumento de percusión que tiene forma de bellota – emerge la palabra ZARITE, sin tilde en la É. Después el logo característico: una máscara de zorro en color blanco con detalles rojos. En el extremo derecho hay otro Negro con un peinado pre – colombino en pico, que lleva colgado del cuello un Djembé y lo está tocando. Por los vidrios de la gran puerta granero se trasluce el cortinado color rojo que va del techo al suelo.
En la previa, como es habitual en el candombe, se encendió el fuego, indicio del comienzo de la llamada. La ceremonia alrededor del fuego representa la memoria colectiva, la identidad y la resistencia de las comunidades afro rioplatenses. El calor permite tensar los parches de cuero de los tambores para afinarlos, y consiste en colocarlos formando un círculo alrededor de las llamas cada 15 o 30 minutos para entrar en calor. La chapa rectangular donde se apoyan los leños para el fuego, reposa sobre una pequeña parcela de pasto bastante pelada que seguro quedó marcada por el calor. Adentro, el público baila en el sector dispuesto para la cena, frente a los músicos que dan entrada a los tambores.
Cuando yo me muera…
El bajo, el chico y la percusión marcan la entrada final, la melódica se suma al compás. Las voces se unen en coro como en la murga y al extremo derecho Sebastián Fernández refuerza la cadencia con la mímica. Un triángulo enérgico marca el ritmo sabroso. De frente a los músicos, los del fondo arman una hilera y salen en trencito hacia el frente, el público se enciende y comienzan a bailar, las manos arriba, los vasos también porque es con vino tinto y pan. Ayacucho se despide del Negro como él hubiese querido: bailando una rica plena.
Yo te arruinaré el final
El viernes 18 de septiembre, el homenaje se abrió con “Malísimo”, del álbum Radeces (1975) a cargo de Darío D. Díaz en guitarra eléctrica y voz, Diego Romairone (Roma) en guitarra acústica, Juan Casaux en teclado, Miguel Arrozeres (Migue) en bajo y Agustin Colavita en la batería. Es un álbum que fusiona candombe, jazz y funk, y fue realizado a la par de otras obras del músico en un viaje a Uruguay. La versión que hicieron es la que puede encontrarse en el canal de youtube de Canal Encuentro, es un tema difícil de ejecutar.
El intercambio con ellos comenzó con un cigarrillo en el post show, cuando ya sin la presión de tener que tocar, salieron a tomar aire y conversar un poco. Lo que sería una entrevista mano a mano terminó siendo una charla entre varios. La consigna era hablar de Rada, de sus canciones y su legado, saber qué les generaba y cómo los había marcado. Intentar comprender, entre todos, esa magia.
-Periodista: ¿Una pregunta que le hubiesen hecho?
– Migue: Y… me gustaría saber cuál de todas le gusto más (a Rada). Tiene una canción que se llama Malisimo y a él no le… no sé si es que no le gustaba. No sé bien, pero tenía algo…
-Darío: Porque es re machirula, muchos resentimientos.
-Migue: Claro, y la hija decía “mirá re resentido el viejo, mira esta canción” ¿viste? y a mi me hubiera gustado preguntarle ¿Vos qué onda, con esta canción?
-Darío: Es muy irónica, sí, porque expone al macho…
-Roma: Me encanta, se caga de risa del amor romántico. (Risas).
-Migue: Se caga de risa, en La Mandanga también, él juega un poco con ese humor. No sé, me gustaría saber cuál es el tema que más lo conmovió de él mismo, lo que más le gustó de él.
-P: ¿Qué era la música para Rada?
-M: Pensaba en… los acordes, la armonía ¿viste? Jaime Roos tenía esa cuestión de armar y era como muy tecnicista. Pero cuando le tocaba iba a tocar con Rada decía “no sabías con qué te iba a tirar”. Te sacudía temas en la movida y tenías que engancharlo, al loco le encantaba improvisar. Nada… nada era fijo para él. Era un juego, era todo el tiempo un juego.
-R: Y que iba en contra de la solemnidad.
-M: Totalmente… De Jaime. Son dos grandes referentes uruguayos que son totalmente opuestos.
-R: Opuestos complementarios.
-M: Opuestos complementarios, como la gran astrología lo dirá ¿no? No, pero sí, sí, hermoso, hermoso.
-R: En el nivel de divague, ese… Por eso la herramienta del humor para romper con la solemnidad, justamente. De hecho, en su disco comercial (Quién va a cantar, año 2000), que es la consagración masiva, el que está muriendo de plena. Cha cha muchacha… qué sé yo. Bueno, ese tema él lo reniega.
-M: Ah, que dice, “es un tema que está mal”.
-P: ¿Por qué es un tema que está mal?
-M: Porque arranca “aparte de ti” (entona). ¿Aparte de qué? Es un tema que arranca empezado. “Aparte”… (Risas).
-D: Suenan bien las palabras, pero punto.
-R: Aparte de ti tu boca, dice. (Risas)
-D: Claro, sí, como que algo había antes que no se dijo.
-M: Y el lo dice “está mal y todos lo cantan y les encanta”, no entendía eso ¿viste? En una entrevista decía, “para mí hacer canciones es re simple”.
-D: Andaba por la calle armando canciones todo el rato.
-M: Le faltaba una canción para el disco, creo que era con Tótem y se fue a la playa así a la Rambla y empezó… “a ver que puedo cantar”. Y sale la canción de las manzanas. “Si te gusta comer manzana, son más frescas por la mañana” (entona). (Risas). La flashaba y tocaba ahí en el momento, viste que tocaba cualquier cosita y salía. Eso era él. Para él era muy simple la música. Pero porque no, eso tenía ¿viste? como esa simpleza. Era bello eso de él. Hacía sonar todo, simple, fácil.
-R: Sí, es un gesto de humildad.
-M: Eso de humildad. Porque recordemos que era un chabón que tocó con lo más grosos de todo, con todos.
-R: Sí. Muy respetado. Pero él le huía un poco a ese mote, a esa reputación. Un gesto de humildad total, ¿no?
-M: En un momento dice él que un poco se pelea con la música. Porque, bueno, no le estaba rindiendo mucho, ¿viste?�Y se puso muy triste. En un momento la re bajoneó el chabón e hizo la canción “No te vas a morir. Porque a vos te dé la gana. Y venía a candombear. A las 3:00 de la mañana” (entona).
-D: La voluntad resistiendo la adversidad.
-M: Como… andá juntate con los pibes, toca, hace música porque eso es lo que importa, ¿viste?
-D: Ya sabemos que está todo mal, ¿no?
-M: Sí, y ya sabemos que… bueno, la música es eso, ¿viste? Él fue muy conocido, pero no ganó mucha plata, vos ibas a la puerta de la casa y te atendía, te sacabas una foto, charlabas con el loco, era re simple. Y eso es la diferencia también de Uruguay, que allá no son artistas como acá, que vos lo ves pasar a Ricardo Mollo y corres a sacarte una foto. Allá él es el Rubencito, el negro, está todo re piola. No lo jode nadie. Hay algo de lo argentino también, que es como… él bajaba esa cuestión también. Creo que como argentino nos voló la cabeza.
-D: Americano. A mí me da eso, es como una salvaguarda americana. Lo siento re americano. Sí, no sé cómo decirte.
-R: Y venía acá, como todos los uruguayos a hacer un mango, ¿no? �A pegarla en Capital. Pero él venía con el candombe.
-M: Sí, sí, él venía con el candombe. Era un negro candombero. Para él se armaba eso, el escandalete.
-P: ¿Cómo es ese vínculo entre Rada y el candombe? ¿Cómo surge?
-M: Él dice “lo poco que sé es que se juntaron diferentes etnias africanas que los traían los esclavistas holandeses y los juntaron en Uruguay y ahí salió un tambor de acá, otro tambor de allá, se juntaron los negros y empezaron… armaron una identidad. Ahí crece el candombe y por eso él es Rada porque le pusieron un apellido a la pasada y ya está.
-D: El amo, ¿no?
-M: Sí, el amo. Él trae todo eso. Su mamá era una bailarina y él decía que bailaba en el líquido amniótico cuando estaba dentro de la panza, bailando ahí las danzas con Yemanyá y una cuestión más brasileña, si se quiere. Y su papá era el mejor repique del barrio Encina (Montevideo Uruguay). Y bueno, de ahí viene, de ahí lo hereda bastante. Y del barrio, de los conventillos, él nace de ahí de la negrada. Y dice que la música fue el plan B para el chabón. Él era futbolista. Era un re futbolista, decía “yo iba a ser millonario jugando al fútbol, era muy bueno”. Pero le agarró tuberculosis de bebé y bueno, tuvo un crecimiento… vos imagínate. Y no pudo en el fútbol. Negro, pobre, tuberculoso. Totalmente de abajo. Dijo, “bueno, ¿qué agarro? vamos con la música”. Y sí, mucho uruguayo agarra la música, pero porque está ahí al lado, no es como un recurso para hacer plata. Es lo común. El Canario Luna dice, “yo cantaba para comer fideos con aceite”.
-P: ¿Y Migue por qué canta?
-M: Y creo que es un camino a la inversa, lo que me pasó a mí de alguna manera. Yo canté, realmente canté porque me sentía con mucho amor, ¿viste? la gente que te escuche cantar, que te devuelva una mirada, un abrazo, un cariño. Y creo que la música me fue mostrando, como al Negro Rada, que es más simple. La música es para vos. Vos la tenés que hacer para vos, que te vibre en el corazón, adentro… y sentila.
Por Jorgelina Urra
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