Un nuevo episodio de violencia se habría registrado en los últimos días durante un encuentro de fútbol infantil en Ayacucho, donde un grupo de mujeres protagonizó una agresión en las inmediaciones de la cancha, delante de los menores que participaban de la jornada.
La situación, registrada en imágenes que comenzaron a circular, muestra un momento de tensión y agresiones entre varias mujeres fuera del campo de juego. En medio de la escena, incluso se observa a un menor acercándose mientras registra con su teléfono lo que estaba ocurriendo y relata la situación.
Desde Urgente Ayacucho decidimos publicar el material con las imágenes y el audio debidamente blureados y editados, debido a que en la grabación aparecen menores de edad. El objetivo es preservar su identidad y evitar que los chicos queden expuestos ante una situación que, justamente, los tiene como principales afectados.
Más allá de las circunstancias que hayan originado la discusión —y que deberán ser esclarecidas por quienes correspondan—, el episodio vuelve a abrir un debate que excede cualquier resultado deportivo: ¿qué están aprendiendo los chicos cuando los adultos convierten un encuentro de fútbol infantil en un escenario de violencia?
El fútbol infantil debería ser, ante todo, un espacio de encuentro, amistad, aprendizaje y diversión. Para muchos chicos, jugar un partido significa compartir con sus compañeros, aprender a ganar y perder, respetar al rival y disfrutar de una actividad que muchas veces esperan durante toda la semana.
Pero cuando las discusiones, los insultos o las agresiones aparecen alrededor de la cancha, los protagonistas dejan de ser únicamente los adultos. Los chicos observan, escuchan y absorben esas conductas.
Y quizás lo más preocupante no sea solamente el mal momento que pueden atravesar durante una jornada deportiva, sino el mensaje que queda después. Los niños aprenden de lo que ven. Aprenden de cómo reaccionan los mayores frente a una diferencia, de cómo se resuelve un conflicto y de qué lugar ocupa el respeto hacia los demás.
Una pelota, un resultado o una discusión pueden durar unos minutos. El recuerdo de haber visto a adultos agredirse delante suyo puede quedar mucho más tiempo.
Por eso, cada encuentro de fútbol infantil debería ser también una oportunidad para enseñar que se puede competir sin faltar el respeto, reclamar sin agredir y defender una postura sin convertir una diferencia en violencia.
En este caso, hasta el momento, la supuesta organización del encuentro no emitió un comunicado público sobre lo ocurrido ni respondió a la consulta realizada por este medio.
La situación vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que debería interpelar a todos los que forman parte del deporte infantil: ¿qué queremos que aprendan nuestros chicos cuando miran hacia la tribuna?
Porque quizás el verdadero resultado de un partido de fútbol infantil no esté en el marcador. Está en lo que los chicos se llevan a casa después de la jornada.
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