Las imágenes de la nieve cubriendo distintos sectores del partido de General Pueyrredon despertaron la nostalgia de muchos ayacuchenses, que recordaron la histórica nevada del 6 de julio de 1955, considerada la más importante registrada en la ciudad.
A pesar de que las nevadas son un fenómeno excepcional en el centro y sudeste bonaerense, aquel invierno dejó una postal que todavía permanece viva gracias a los testimonios de vecinos y al valioso registro fotográfico conservado por la Colección Rosatto.
Las fotografías muestran el centro de Ayacucho completamente cubierto de nieve, una imagen poco habitual para la ciudad. Una de ellas fue capturada mediante una pequeña panorámica de apenas 12 por 8 centímetros, convirtiéndose con el paso del tiempo en un verdadero documento histórico.
Años atrás, el historiador y periodista Abel Bruno, en diálogo con Urgente Ayacucho, recordó aquella jornada inolvidable.
“Según tengo por vivido, el 6 de julio de 1955 nevó muy copiosamente en Ayacucho”, expresó.
Bruno relató que el fotógrafo Aniceto Hernández, quien además era portero de la Escuela Nº 4, registró varias imágenes dentro del establecimiento educativo, ubicado sobre calle Bartolomé Mitre entre España y Poderoso. En una de esas fotografías aparecen alumnos junto a la docente María del Carmen Barrón, inmortalizando un momento que hoy forma parte de la historia local.
También recordó otra fotografía tomada ese mismo día por Oscar Romero frente a Casa Crocci, en la plaza principal, donde varios vecinos posaron rodeados por una enorme cantidad de nieve.
Según el historiador, el principal paseo público de Ayacucho había quedado prácticamente sepultado por la intensidad de la nevada.
“Seguramente nevó en otras ocasiones, pero desde el 3 de mayo de 1943, fecha de mi nacimiento, la nevada de 1955 fue la más grande que se recuerda hasta el presente”, señaló.
Hoy, mientras las postales blancas vuelven a sorprender en distintos puntos del sudeste bonaerense gracias a la ola de frío polar, la memoria colectiva de Ayacucho vuelve a poner en valor aquel histórico 6 de julio de 1955, cuando la ciudad amaneció completamente cubierta de nieve y escribió una de las páginas más recordadas de su historia climática.
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