Cada fin de semana, el Hospital Municipal de Ayacucho vuelve a recibir adolescentes con cuadros de intoxicación alcohólica. Algunos llegan conscientes, otros requieren asistencia médica inmediata debido al alto nivel de alcohol en sangre. Detrás de cada ingreso hay una historia distinta, pero todas tienen un punto en común: menores de edad consumiendo alcohol hasta poner en riesgo su salud.
Aunque muchas de estas situaciones no trascienden públicamente, el problema existe y se repite. No se trata de un hecho aislado, sino de una realidad que preocupa a profesionales de la salud, fuerzas de seguridad y a distintos sectores de la comunidad.
Un problema que excede a los jóvenes
La pregunta ya no debería ser únicamente por qué un adolescente consume alcohol, sino quién permitió que eso ocurriera.
La legislación argentina prohíbe la venta y el suministro de bebidas alcohólicas a menores de 18 años. Sin embargo, cada fin de semana aparecen nuevos casos que evidencian que, en algún punto de la cadena, los controles fallan.
Hay responsabilidades compartidas. Los comercios deben respetar la ley. Los organizadores de eventos tienen la obligación de controlar. El Estado debe fiscalizar. Pero también existe un rol insustituible de las familias.
El rol de los padres
La adolescencia es una etapa de búsqueda, de desafíos y de límites. En ese contexto, el acompañamiento de los padres resulta fundamental.
Naturalizar frases como “es mejor que tome conmigo”, “todos toman” o “es una etapa” puede terminar minimizando un problema que, en algunos casos, deriva en internaciones hospitalarias.
Cuando un menor llega al hospital por una intoxicación alcohólica ya no se está frente a una simple salida entre amigos. Se trata de una situación que puede poner en riesgo su vida.
La presencia, el diálogo, el establecimiento de límites y el conocimiento de dónde están los hijos y con quiénes salen siguen siendo herramientas esenciales para la prevención.
¿Qué está fallando?
La repetición de estos episodios obliga a abrir un debate serio.
- ¿Quién vende alcohol a menores?
- ¿Se realizan controles suficientes durante los fines de semana?
- ¿Existe un compromiso real de todos los actores involucrados?
- ¿Qué papel cumplen las familias en la prevención?
No alcanza con lamentarse cuando ocurre una intoxicación. La prevención debe comenzar mucho antes.
Una responsabilidad de toda la comunidad
El consumo problemático de alcohol en menores no puede abordarse únicamente desde el sistema de salud. Cuando un adolescente necesita atención médica por haber consumido en exceso, el problema ya llegó demasiado lejos.
La escuela, las instituciones deportivas, las familias, los comercios, los organizadores de eventos y el Estado tienen un rol que cumplir para evitar que estas situaciones se conviertan en una postal habitual de cada fin de semana.
Porque detrás de cada ingreso al hospital hay un menor que estuvo expuesto a un riesgo evitable.
Y la pregunta que queda flotando es tan simple como incómoda: ¿cómo llegamos a naturalizar que un adolescente termine una noche de diversión en una guardia médica por consumir alcohol?
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