Mientras el bombero voluntario de Ayacucho Luciano Vitral continúa participando de la misión internacional de búsqueda y rescate en las zonas afectadas por los terremotos en Venezuela, su mamá, María Angélica Stato Cúneo, compartió las emociones que atraviesa desde que su hijo partió hacia ese país.
“Estoy muy contenta, pero con mucho miedo. Orgullosísima de él, pero con mucho miedo. Los días los cuento”, expresó durante una entrevista, al describir la mezcla de sentimientos que vive desde la partida del contingente argentino.
Contó que el contacto con Luciano es escaso debido a las intensas tareas que desarrolla entre los escombros. El último mensaje que recibió fue el martes, cuando le confirmó que el grupo se encontraba bien y preparándose para continuar con el operativo.
Una vocación que comenzó en la adolescencia
María recordó que Luciano comenzó su camino como bombero cuando tenía apenas 15 o 16 años, motivado por su tío, quien también integraba el cuerpo de Bomberos Voluntarios.
“Él hizo la carrera porque le encanta. Es su profesión, su vocación”, señaló.
Aunque reconoció que al principio no imaginaba que finalmente viajaría a Venezuela, la realidad terminó imponiéndose.
“Yo creía que no iban a llegar a Venezuela. Cuando lo vi subir al avión, lloraba. Después me enteré que la misión era de diez a quince días.”

El orgullo de toda la familia
Más allá de la angustia por la distancia y los riesgos de la misión, aseguró que toda la familia acompaña y comprende la decisión de Luciano.
“Mis hijos me dicen: ‘Mamá, él estudió para eso. Es lo que le gusta’. Y tienen razón. Él va contento porque sabe que puede ayudar.”
También recordó otra experiencia de Luciano durante los incendios forestales en Corrientes, aunque reconoce que esta misión representa un desafío mucho mayor por la distancia.

“El corazón de una madre es distinto”
Cada vez que suena una sirena, la preocupación vuelve a hacerse presente.
“Lo primero que pensamos es dónde habrá un incendio, qué estará pasando. Hasta que vuelve, una se queda esperando.”
Confesó que la ausencia de Luciano se siente especialmente en la rutina diaria.
“Él venía todas las tardes a tomar mate conmigo y con la perra. Es como que falta algo.”
Y agregó una reflexión que resume el sentimiento de muchas familias de bomberos voluntarios.
“Todos me dicen que me quede tranquila, que él estudió para eso. La cabeza lo entiende, pero el corazón de una madre es otra cosa. Pensás que puede estar entre los escombros y se te parte.”
Una historia familiar ligada al cuartel
La vocación de servicio forma parte de la historia de su familia. María recordó que su hermano también fue bombero voluntario y que desde chica convivió con las salidas de emergencia.
“Cuando sonaba la sirena, mi mamá le sacaba la bicicleta para que saliera rápido al cuartel. Después hice lo mismo con Luciano. Yo le abría la puerta y le preparaba la bicicleta para que pudiera ir enseguida.”
“El bombero está al servicio de los demás”
Consultada sobre qué representa para ella un bombero voluntario, respondió sin dudar:
“Es una persona al servicio de otra. Suena la sirena o alguien necesita ayuda y él está. Tiene ese espíritu de servicio.”
Finalmente, agradeció las muestras de afecto que recibe de los vecinos de Ayacucho, aunque reconoció que cada felicitación la transporta inmediatamente a Venezuela.
“La gente me dice ‘te felicito’, y yo agradezco que sea una persona de bien. Pero enseguida me imagino dónde está, trabajando entre los escombros.”
Con la cuenta regresiva ya iniciada, María espera el regreso de su hijo.
“Llevamos cinco días. Yo los tengo contados. Ahora solo espero que vuelva sano y salvo.”
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