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El BCRA mantuvo la racha compradora y sumó más de u$s1.150 millones en todo enero
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) terminó enero con un saldo comprador de divisas superior a u$s1.150 millones, luego de adquirir u$s23 millones este viernes. Con ese resultado, la autoridad monetaria ya superó el 10% de la meta anual de acumulación de reservas prevista para todo 2026.
El Central compró divisas todos las jornadas, en las últimas 20 ruedas hábiles y sumó en total u$s1.157 millones, en línea con el arranque de la llamada “fase 4” del programa económico.
Para concretar estas compras, el Central emite pesos sin esterilizar, un esquema que busca evitar tensiones de liquidez en el mercado, ya que una plaza demasiado seca podría derivar en una suba de las tasas de interés.
Por su parte, las reservas brutas, descontados los pasivos, se ubicaron en u$s44.502 millones, aunque registraron una caída diaria de u$s1.738 millones asociada a movimientos bancarios típicos de fin de mes. Desde la entidad estiman que gran parte de ese retroceso se revertirá a comienzos de la próxima semana.
El repunte reciente de las reservas también encontró respaldo en la suba del precio internacional del oro. El BCRA posee cerca de 1,98 millones de onzas troy, equivalentes a 61,5 millones de toneladas. El metal llegó a superar los u$s5.600 por onza, aunque luego corrigió hasta los u$s4.890 actuales, lo que tuvo un impacto negativo en la valuación contable del organismo.
El otro dato positivo es que el BCRA pudo comprar reservas sin que esto implique una suba para el dólar. De hecho, en la plaza mayorista, el tipo de cambio cerró a $1.447 para la venta, un incremento de $2,50. De todas formas, se ubica a 7,9% del techo de la banda, en $1.563.
Así, a lo largo de enero acumuló una baja de $8, equivalente al 0,6%: aunque en la última semana se registró un avance de $14 (+1%).
El dólar atraviesa una fase de aparente quietud, pero el mercado dejó de mirar solo el precio y pasó a auditar el “cómo” de esa calma. La estabilidad ya no se interpreta como un dato aislado: se analiza como el resultado de un tablero de pesos y dólares que puede sostener el equilibrio… o romperlo.
En esa lectura, el foco se corrió hacia tres variables que, juntas, explican buena parte del clima actual: liquidez en pesos, acumulación de reservas y tasa de interés. Cuando cualquiera de esas patas pierde consistencia, la calma cambiaria se vuelve frágil y reaparece la demanda de cobertura.
El punto clave es que la dinámica no depende de una sola palanca. La estabilidad puede durar si el programa muestra “delivery” en el frente externo y si el costo del dinero en pesos se alinea con la inflación, las expectativas y el riesgo país. Pero si faltan reservas o sobra incertidumbre, el dólar vuelve a ser protagonista.
Dólar: el precio del peso volvió al centro
Desde Invecq señalaron que el contexto cambió con una mayor nominalidad: el IPC nacional subió 2,8% mensual en diciembre y las expectativas de inflación ajustaron al alza. Con ese telón de fondo, la fuerte compresión de las tasas en pesos tras las elecciones quedó, como mínimo, poco consistente con el comportamiento del resto de las variables.
Los expertos de la consultora explicaron que, en términos conceptuales, la Paridad Descubierta de Tasas de Interés ordena el análisis: el rendimiento local debería ser comparable al de activos considerados libres de riesgo (bonos del Tesoro de EE. UU.), más un adicional por expectativa de depreciación y una prima por probabilidad de default. En criollo: si no bajan expectativas o no cae el riesgo, la tasa no puede “flotar” demasiado abajo sin generar tensiones.
Sus analistas apuntaron que el recorrido reciente fue elocuente. La TAMAR promedió 56% TNA antes de los comicios legislativos, un nivel alto pero coherente con la volatilidad y la incertidumbre. Tras la victoria del oficialismo, descendió hasta mínimos cercanos a 25% anual en diciembre, una baja que podría ayudar a la reactivación (especialmente vía tasas activas), pero que lucía desmedida frente a una nominalidad que no cedía.
Para Invecq, la compresión tan fuerte solo habría sido consistente si se hubieran ajustado a la baja las expectativas de devaluación o inflación (no ocurrió) o si el riesgo país hubiera comprimido mucho más (tampoco). Con un piso transitorio alrededor de 550 puntos básicos, la variable que terminó corrigiendo fue la tasa: en los últimos días volvió a promediar cerca de 35% anual, más alineada con el resto del tablero.
La “micro” del dólar
Desde 1816 señalaron que la micro del mercado cambió por una razón tangible: se agotó la principal fuente de liquidez que venía funcionando como amortiguador. Los pasivos remunerados del BCRA, que en el régimen actual habían sido el gran “tanque” de pesos del sistema, cayeron a menos de $0,4 billones en las últimas ruedas, desde $7,1 billones que se observaban a comienzos de diciembre.
Los expertos de la consultora explicaron que el drenaje tuvo dos motores bien concretos. Por un lado, el crecimiento del circulante, que en diciembre habría aumentado alrededor de $3,4 billones. Por el otro, las ventas de Lelink del BCRA en el mercado secundario, que habrían rondado $4,0 billones entre diciembre y las primeras semanas de enero. El resultado: se consumió el colchón que antes absorbía shocks sin trasladarlos tan rápido a las tasas.
En paralelo, 1816 puso la lupa sobre otro número que condiciona el corto plazo: los depósitos en pesos del Tesoro en el BCRA bajaron a $2,3 billones, el nivel más bajo desde mediados de 2024. Con esa caja más chica, cualquier necesidad de comprar dólares o cubrir pagos puede acelerar movimientos que, de otro modo, serían graduales.
Para 1816, el calendario suma presión: en los próximos 15 días habría vencimientos en dólares por alrededor de u$s1.000 millones, mientras los depósitos del Tesoro en moneda extranjera en el BCRA estaban cerca de u$s349 millones. Con esa estructura, el mercado entiende que la estabilidad cambiaria empieza a depender más de cómo se administra la liquidez y menos de la “inercia” de las últimas ruedas.
Reservas: la condición que exige el mercado
Sus analistas apuntaron que, con tasas que ya volvieron a un nivel más consistente, la discusión se mudó al frente externo. Para Invecq, el Gobierno enfrenta un trilema en el corto plazo: retomar desinflación, reimpulsar actividad (virtualmente estancada desde febrero de 2025) y fortalecer reservas internacionales, en un contexto de posición patrimonial frágil del BCRA y compromisos en dólares previstos para 2026 y 2027.
Desde Invecq señalaron que, hasta hace poco, la estrategia había relegado el objetivo de reservas, apoyándose en la hipótesis de que, una vez disipado el riesgo político, ingresarían flujos financieros desde el exterior que permitirían al Banco Central recomponer su balance. Pero el mercado empezó a pedir señales concretas como condición para seguir reduciendo el riesgo país: en otras palabras, las reservas dejaron de ser postergables.
Ese giro, según Invecq, ya se empezó a reflejar: desde comienzos de enero, el BCRA compró neto casi u$s1.000 millones en pocas ruedas, aunque vendió aproximadamente u$s450 millones al Tesoro. La lectura es que cambió la conducción cambiaria, pero partiendo desde un nivel inicial muy bajo, por lo que el desafío no es “arrancar” sino sostener y profundizar.
Para 1816, en la misma dirección, las compras spot acumulaban alrededor de u$s824 millones en lo que va del año. La traducción para el dólar es directa: si la acumulación se consolida, el riesgo país puede comprimir más y el equilibrio cambiario gana margen; si la dinámica se corta o se diluye, el mercado vuelve a testear coberturas y el precio del dólar recupera sensibilidad.

