El artista local repasó sus inicios, su camino independiente y la forma en la que la música se convirtió en una herramienta clave para expresarse y crecer.
Desde muy chico, la música estuvo presente en la vida de Tosh. No como un proyecto, ni como una meta clara, sino como una necesidad natural de crear.
“Arranqué cuando era un niño, usando cosas de la casa como instrumentos… ollas, utensilios, lo que encontraba”
Ese juego fue tomando forma con el tiempo. Gracias al entorno familiar y a la influencia de su mamá —quien estudiaba profesorado de música— comenzaron a aparecer los primeros instrumentos. Aunque no todo fue inmediato: “Nunca fui muy habilidoso con la guitarra o el piano, pero la batería fue lo que me encontró a mí”, cuenta.

El momento en que todo dejó de ser un juego
Si bien la música siempre fue algo personal, hubo un punto de quiebre. Un momento en el que dejó de ser solo una expresión íntima y pasó a transformarse en proyecto.
“Cuando entendí cómo funcionaba la industria y también cuando me di cuenta de que expresarme me hacía bien… ahí empezó todo”, explica.
Ese paso no fue fácil. Como todo artista independiente, atravesó dudas, miedos y exposición:
“Uno se arriesga mostrando lo que hace. Está la vergüenza, el miedo… pero siempre gana el disfrute, porque es lo que me apasiona.”
A los 13 años ya tenía claro que quería intentarlo. No desde una lógica comercial, sino desde la necesidad de crear, de innovar, de hacer algo propio.
Un artista sin etiquetas
Hablar de géneros musicales, no es algo que le resulte cómodo. Para Tosh, el concepto de “estilo” va mucho más allá de una etiqueta musical.
“Para mí el estilo es algo personal, no un género. No quiero encasillarme en algo porque la música es más amplia que eso.”
Su identidad se construye desde la inspiración constante: películas, artistas, vivencias o simplemente una idea que aparece. Todo puede transformarse en canción.
“Soy más un intérprete de lo que me inspira que alguien que sigue un estilo fijo”, resume.
Esa búsqueda también implica riesgo. Probar cosas nuevas, salir de lo cómodo, incluso sabiendo que no siempre será bien recibido.
“El artista que se arriesga tiene un valor enorme, aunque el público no siempre lo entienda.”
Crear desde la obsesión y la necesidad
El proceso creativo, en su caso, tiene un motor muy claro: la obsesión.
“Cuando algo me atrapa, necesito sacarlo… y la forma que tengo de hacerlo es haciendo música”, explica.
No se trata solo de componer, sino de transformar una idea, una emoción o una influencia en sonido. Una especie de catarsis.
Ser artista independiente hoy
En la actualidad, Tosh produce prácticamente todo por su cuenta. Desde la grabación hasta la producción.
Ese camino lo fue construyendo con los años, aprendiendo, equivocándose y creciendo.
“Hoy me produzco solo. Es lo que más me gusta porque me conecta más conmigo mismo.”
También destaca el rol de otros artistas locales en su desarrollo, especialmente Raama, a quien define como una pieza clave en la escena:
“Me enseñó mucho y sigue haciéndolo. Es una persona muy importante para la música en Ayacucho.”
Hacer música desde el interior
Uno de los puntos que también aparece es la diferencia entre producir desde el interior y hacerlo en grandes ciudades.
“Buenos Aires es el centro de la industria, eso es real. Pero hoy no dependés totalmente de eso”, afirma.
Las herramientas digitales cambiaron el panorama. Hoy cualquiera puede crear, grabar y compartir su música.
Sin embargo, también hay un desafío mayor:
“Tenés que hacer todo: producir, grabar, pensar el video, editar… es como tener diez roles en uno.”
Más que reconocimiento, dejar algo
Cuando se le pregunta qué busca con su música, la respuesta es clara.
“Quiero dejar algo en la gente. Si solo buscás reconocimiento, te estás perdiendo lo más importante.”
Para él, el arte tiene que ser una forma de expresión real. Algo que conecte,transmita y tenga sentido.
La escena local, una base clave en su crecimiento
Antes de cerrar, Tosh también destacó el valor de la escena musical de Ayacucho y mencionó a varios artistas, productores y referentes con los que comparte camino, aprendizaje y crecimiento.
“Son personas importantes, aunque a veces no se les dé el reconocimiento que merecen. Son los que están dejando una semilla en el pueblo”, expresó.
Entre los nombres que destacó, mencionó a:
- Raama, a quien considera una influencia clave en su desarrollo musical
- Tom Ranchero, referente dentro de la cultura local
- Lauta
- Tomeoseu (con quien trabajó en “4444”)
- Chimme
- Fran
- Doble v
- JJ
- Manu
- Zoilo
- Vladimir
- Segu
- Lucas Ceschini
- Facu Olivares
- Veke
- Male Olano
- Ozaru
- La Élite
- Thiago
- Santi Reyes
- Valen Arrayago
- Alaan Tawers
- Pance
- Siena
- Rodri Videla
- Aniuro
- Hello Daiane
Según explicó, todos ellos forman parte de una generación que viene impulsando la música urbana en Ayacucho, generando espacios, compartiendo conocimientos y motivando a nuevos artistas.
“Más allá de las vistas o el reconocimiento, son importantes porque inspiran. Esa es la semilla que hay que plantar.”
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