La Fiesta Provincial del Caballo Criollo de Labardén cerró una etapa marcada por la recuperación, el esfuerzo colectivo y la identidad cultural. Tras un intenso trabajo de revalorización, la comisión organizadora, encabezada por Luisina Álvarez, culminó su mandato dejando una institución fortalecida, sin deudas y con un fondo económico positivo. La presidencia será asumida por Julieta Ibarra, quien continuará con los objetivos de consolidar el evento como uno de los más representativos de la región.
En diálogo con Urgente Ayacucho, Álvarez expresó la emoción que le generó despedirse del cargo tras años de participación activa. “Fue difícil cerrar esta etapa, porque crecí con la Fiesta. Es parte de mi identidad y de la de mi pueblo”, aseguró. La dirigente, nacida en Labardén pero residente en Ayacucho, explicó que su decisión respondió a motivos personales y de salud, además del desgaste que implica coordinar un evento a distancia.
Durante su gestión, atravesó desafíos complejos, entre ellos la reprogramación de artistas a último momento y la salida de integrantes de la comisión. Sin embargo, destacó la respuesta del público y el compromiso de los colaboradores. “El pueblo volvió a confiar. Logramos que la gente se sumara, colaborara y se sintiera parte. Eso fue lo más valioso”, señaló.
La comisión saliente consiguió equilibrar las cuentas y dejar una base sólida de 13 millones de pesos para la nueva conducción. Según Álvarez, el éxito se debió al trabajo conjunto, la transparencia administrativa y la participación ciudadana. “Lo económico se cuidó mucho. Tuvimos una tesorera prolija y un equipo que decidió siempre en conjunto”, afirmó.
Uno de los logros más destacados fue la difusión de la Fiesta a nivel regional, con la participación de la reina, princesas y la delegación a caballo en diversos desfiles y festividades. Especialmente emotiva fue la presencia del grupo “Caballo Criollo” en la cabalgata de Solanet, homenaje a Gato y Mancha, los caballos que recorrieron Buenos Aires–Nueva York junto a Aimé Tschiffely hace un siglo.
Pese a los logros, quedaron proyectos pendientes, como la concreción de una sede propia para la Fiesta, un sueño que no pudo cumplirse por dificultades legales con los terrenos disponibles. “Estuvimos a punto, pero no lo logramos. Ojalá algún día se haga realidad”, manifestó Álvarez con esperanza.
Sobre la nueva gestión, deseó “que mantengan el trabajo democrático y en equipo”, cuidando la transparencia económica y la esencia popular del evento. “La Fiesta es del pueblo, no de una comisión. Si se trabaja con respeto y unidad, todo se logra”, aseguró.
Álvarez adelantó que continuará vinculada al evento desde otro rol, esta vez como espectadora y colaboradora ocasional. “Quiero disfrutar la Fiesta con mi familia y amigos. Es momento de descansar y recargar energías”, expresó. También dejó abierta la posibilidad de seguir participando en proyectos culturales, tanto en Labardén como en Ayacucho.
Con esta transición, la Fiesta del Caballo Criollo inicia una nueva etapa, manteniendo viva una de las tradiciones más arraigadas de la comunidad. La organización buscará continuar fortaleciendo la identidad local y el valor del caballo criollo, símbolo del trabajo, la historia y la pasión de los pueblos bonaerenses.

