Fernando Imaz respondió a Leandro Angiolini: “El transporte rural no se soluciona con anuncios”
El concejal Angiolini vuelve a hacer gala de sus habituales contradicciones, que son una muestra fiel del Teorema de Baglini.
No voy a entrar en detalles sobre quién era el “Gordo” Baglini, pero, simplificando, su teorema dice que “el nivel de sensatez de un dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades reales de llegar al poder”. O sea: cuanto más lejos se está de gobernar, más irresponsables o fantasiosas son las declaraciones y las promesas.
Lo más llamativo es que en dos notas publicadas por el mismo medio y el mismo día se contradice tanto que se le cae la máscara de político preocupado por los vecinos y queda a la vista la del político en campaña, que busca ser reconocido por sus dichos y no por sus hazañas —que, si se conocieran, harían que más de uno entienda mejor eso que digo: que los concejales le salimos caros al pueblo de Ayacucho.
Habla de la contraprestación de las tasas y propone destinar el 25% de Marcas y Señales al transporte escolar rural. Que el transporte rural es un problema serio y que hay que buscarle una solución, no lo discute nadie. El punto es otro: es un problema que arrastra años y que tiene un responsable, y no es el Municipio. Atrasos de meses en los pagos, precios irrisorios para trabajar. Este año quedó en evidencia la falta de compromiso de la Provincia con sus obligaciones: no da presupuesto suficiente, al punto de que varios transportistas dejaron de prestar el servicio, simplemente porque se cansaron de laburar perdiendo plata.
Los recorridos se licitan en mayo, con el año escolar ya muy avanzado. Esas licitaciones dieron como resultado varios recorridos sin cubrir, y la Provincia —a través de las autoridades educativas, concejales, militantes y demás actores— se lavó las manos y empezó a repartir culpas a quien se le cruzara. Llegaron a responsabilizar directamente al Intendente municipal y a pretender comprometer parte del presupuesto de los ayacuchenses en una cuestión netamente provincial. Esto es aberrante se lo mire por donde se lo mire.
Es el peronismo provincial financiándose, una vez más, con los presupuestos municipales. Ya lo hace con la seguridad: desfinancia a la policía, de la que solo cubre los salarios —tan escasos, por cierto—. Combustible, gomas, leña, guantes, tinta, papel, sellos y todo lo que se te ocurra lo paga el Municipio; si no, la policía no funciona. En salud no hace falta aclarar demasiado: el único prestador en Ayacucho es el hospital municipal, que se lleva el 40% del presupuesto local y que, con esta gestión, mejoró en calidad y en cantidad de servicios. La Provincia, que cobra impuestos, les ofrece a los vecinos el hospital interzonal: sin insumos, sin lugar, abarrotado, en malas condiciones edilicias, con internados en los pasillos. Ya lo sabemos. Y lo reconoce ella misma cuando arma una mutual para sus propios empleados —IOMA—, que tampoco funciona y abandona a sus afiliados.
Con esa realidad, el concejal Angiolini —tan preocupado, según él, por los vecinos que se quedaron sin transporte— se negó a debatir la emergencia del transporte rural y atrasó el debate dos semanas, en complicidad con el peronismo. Y su propuesta estrella, la del 25% de Marcas y Señales, ni siquiera resuelve lo urgente: él mismo reconoció que para este año no sirve, porque el año ya está terminando y recién se aplicaría en el presupuesto 2027. No es una solución para los chicos que hoy están sin transporte; es una bandera para la campaña.
Como propuesta de fondo tampoco se sostiene. Atar el 25% de una tasa es amarrar el presupuesto municipal, para siempre, a un problema que es provincial y que el año que viene puede no existir. Y ese 25% sale del mismo bolsillo que —como recién dije— hoy sostiene a la policía que la Provincia desfinancia y al único hospital que tienen los ayacuchenses. En lugar de exigirle a quien tiene la obligación, Angiolini da por hecho que la Provincia va a seguir sin cumplir y quiere que la diferencia la ponga el vecino de Ayacucho.
Y en la otra publicación dice que hay que poner más plata en los caminos. Claro, ¿quién puede negarse a esa idea como concepto? Tiene razón. Pero ¿a quién se lo dice? ¿Al gobierno municipal peronista que dejó los caminos sin máquinas, sin combustible y con varios “sin” más? ¿O al que recibió esa realidad y estuvo años revirtiéndola? Este gobierno recibió dos máquinas en condiciones de funcionar, pero que ni siquiera funcionaban porque no había combustible.
Se levantaron caminos, se cambiaron tubos, se construyeron puentes, y todo eso se mantiene durante el año. Se recuperaron los talleres y el recurso humano. Todo esto llevó mucho tiempo. Hubo un año flojo en el servicio, con lluvias muy por encima del promedio —un tema real, que preocupa sobre todo a los usuarios—, y este buen señor se agarra de eso para tener un título. Aberrante.
Y por ser militante de LLA, es todavía más contradictorio. Es el tipo más casta que conozco. Fue concejal del oficialismo y jamás dijo una palabra de estas cosas: nunca buscó un título, siempre votó y defendió las tarifarias y el presupuesto. Integró la comisión de Asuntos Económicos durante su mandato. Pero parece que ahora todo lo que él votó estuvo mal.
Impresentable.
En resumen: el concejal “antiperonista” —dicho por él— que vota junto con el peronismo, que propone mayores contribuyentes peronistas, que acompaña presidencias peronistas en el Concejo y que ahora, encima, quiere usar el presupuesto local para tapar los errores del gobierno provincial peronista, es el más contradictorio que conozco.
Casta.
Fernando Imaz, Concejal del Acuerdo Cívico.
Para crear este artículo, usamos herramientas de inteligencia artificial como asistente en la investigación y redacción. Todo el contenido ha sido meticulosamente revisado, editado y aprobado.
